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CONTENIDO
INTRODUCCION
PSICOLOGÍA TRADICIONAL VERSUS PSICOLOGÍA CIENTÍFICA
1. FENOMENOLOGÍA
2. INTROSPECCIÓN
3. HETEROOBSERVACION Y EXPERIMENTO
4. CONDUCTISMO
HUMANISMO Y CONDUCTISMO
INTRODUCCION
Nos interesa mostrar en este trabajo algunas características de los dos grandes modos en que se ha abordado el estudio de la actividad psíquica del hombre. Por una parte, desde la antigüedad se observaron aquellos rasgos propios del alma (PSIKHÉ), el movimiento, la sensibilidad, la inteligencia. Platón, por ejemplo, tenía una concepción ternaria, dividiéndola de acuerdo a sus funciones en concupiscible, irascible e inteligible. Semejante división encontramos en Aristóteles, quien distinguía un alma vegetativa, una sensible y otra intelectual.
Además, se estudió la personalidad a base de las combinaciones de los cuatro elementos, es decir, el agua, el aire, la tierra y el fuego, que los antiguos consideraron los componentes básicos de la materia del universo. Observamos, pues, una tipología psicológica fundada en dicha composición, pudiendo distinguir a sanguíneos, flemáticos, biliosos y linfáticos, cada uno de los cuales desarrolla un comportamiento más o menos regular, acorde con las características asociadas a dichas sustancias corporales. Asimismo, se introdujo el concepto de voluntad y se lo puso en relación con el de razón, componiéndose teorías antropológicas fundadas en dichas distinciones.
Por otra parte, a partir de fines del siglo pasado y tomando como modelo metódico la física matemática se intenta reducir el ámbito del estudio psicológico a aquellas zonas del acontecer psíquico bajo el dominio de la legislación mecanicista.
Surgen, así, las concepciones conductistas, en la forma del esquema estímulo-respuesta (ER) como prolongación del estudio natural. Podemos distinguir entre los autores más influyentes de esta postura a B. F. Skinner, quien enfatiza su oposición a la concepci6n humanista tradicional.
Nos bastará por ahora con el desarrollo de estos temas para conseguir una primera aproximación a la asignatura psicológica.
PSICOLOGÍA TRADICIONAL VERSUS PSICOLOGÍA CIENTÍFICA
La oposición a explicar entraña una pugna radical entre dos puntos de vista acerca de la índole de lo psíquico.
Por una parte, llamaremos psicología tradicional a aquella forma de acercarse a lo psíquico a través de la introspección y el autoanálisis, no excluyendo, por cierto, la observación objetiva de comportamientos.
Por otra parte, daremos el nombre de psicología científica a aquella disciplina que delimita el dominio de su competencia, prescindiendo de todo aquello que no se someta a la medición y a la sistematización experimental. Nociones como Yo, Alma, Vivencia, Voluntad, conciencia son eliminadas, cuando no modificadas por esta última disciplina.
Si el problema de la psicología tradicional es su incapacidad para conseguir el consenso en la interpretación y explicación de los fenómenos psíquicos, debido al germen subjetivo implícito en la introspección y su dependencia de la descripción verbal, el de la psicología científica es el reduccionismo, es decir, la amputación y la violencia ejercida sobre los fenómenos de la vida anímica.
Resulta evidente que la actividad psíquica no se agota en sus manifestaciones sensibles, concretas y fisiológicas. Asimismo, no se puede negar la estrecha vinculación de lo psíquico y la actividad neurofisiológica y endocrina. Pero, dichas manifestaciones alcanzan matices difíciles de reducir a un patrón mecanicista. Por ello, si de reducir se trata, nos parece más serio el análisis contemporáneo de algunos físicos notables, que han vinculado las nociones de Alma, Yo y otras con explicaciones mecánico-cuánticas, esto es, en el ámbito de los fenómenos mecánico- estadísticos.
Estas últimas interpretaciones han mostrado el fracaso teórico del conductismo, aunque sus resultados sean de gran utilidad en áreas como la rehabilitación laboral y las terapias conductuales. Del mismo modo, la introspección y el psicoanálisis han mostrado sus debilidades, pero nadie puede objetar su utilidad para la vida diaria y como instrumento de autoconocimiento.
Modelos visuales de probabilidad. Un electrón se encontrará más bien en los sectores claros y no se detectará su presencia en los oscuros. El punto importante en cuestión es que cada modelo entero representa la posición de un electrón en un momento dado. Dentro del patrón no podemos hablar acerca de la posición del mismo.
1. FENOMENOLOGÍA
W.Köhler, en sus "William James Lectures", escribe: “Estoy convencido de que no seremos capaces de resolver ningún problema acerca de nuestros principios básicos, mientras no retrocedamos a las ‘fuentes de nuestros conceptos’; en otras palabras, mientras no utilicemos el método fenomenológico, es decir, el análisis cualitativo de la experiencia.”
Así, el análisis de la percepción realizado por los psicólogos de la Gestalt y el estudio de la tectónica de la personalidad, tanto como el de los aspectos apetitivos y emocionales son todos de corte fenomenológico, significando no sólo la descripción antiteórica, sino también la búsqueda de la esencia de los fenómenos. Consiste en la representación intuitiva de los procesos anímicos, configurando la llamada psicología descriptiva (tal como la concibió E. Husserl), es decir, la descripción intuitiva de lo que se halla presente en la vivencia. Esta última, designa la iluminación interior, en virtud de la conciencia, llevada a cabo sobre el fondo vital (fondo endotímico), estableciendo la cualidad anímica del organismo en una experiencia aperceptiva.
Por ejemplo, la concepción modélica de las capas establece una estructura vertical de la interioridad, en función de sus relaciones recíprocas. Tal sucede con la teoría Freudiana de la personalidad, en la cual aparece como fondo anímico activo una realidad psicológica oculta a la conciencia: el inconciente. Desde este fondo reclaman su satisfacci6n las fuerzas concupiscientes del Ello, las que son acalladas por la acción inhibitoria del Super Yo. Entre estas dos realidades, el Yo asegura la actividad efectiva del organismo, en lo concerniente a su seguridad y supervivencia, siendo, además, el vínculo real del organismo con su medio.
"El esclarecimiento fenomenológico alcanza su objetivo cuando los contenidos anímicos son considerados en su apariencia inmediata, como si dijéramos en su semblante interno, determinando al propio tiempo sus rasgos esenciales. Así, en el esclarecimiento fenomenológico de la alegría debería destacarse la vivencia de una luminosidad interior y la desaparición de tres notas penosas de la existencia, su peso, su tensión y su angostura; también deberíamos destacar la conciencia de una expansión dinámica y, por último, una singular vivencia del tiempo en cuanto la consciencia queda totalmente inmersa en la visión del presente.”
2. INTROSPECCIÓN
La introspección es una actividad vinculada con la apercepción, es decir, con la virtud de la psiquis humana para darse cuenta de lo que ocurre en y con ella. Dicha operación de autoobservación designa la subjetividad y cierto rasgo de desdoblamiento, en el cual nos tomamos a nosotros mismos por objeto de análisis o de intuición. Es precisamente el rasgo subjetivo, implícito en el autoanálisis y la autoobservación el que recibe las más duras críticas de los filósofos y psicólogos científicos, pues la carencia de objetividad, de expresión unívoca y la intransferibilidad son las notas propias de la introspección. Asimismo, su dependencia del lenguaje verbal, la tornan inútil e ineficaz: hay ciertas emociones y sentimientos que desbordan las formulaciones lingüísticas, no existiendo un modo validable de transferir dichos contenidos anímicos.
No obstante, la introspección sigue siendo útil, en gran medida, para acercarnos a nuestra realidad anímica y a la de los demás, haciendo uso de una virtud propia de la realidad psíquica humana, de la que no nos sentimos autorizados a renegar.
Es necesario hacer hincapié en la diferencia entre autoobservación (introspección) y autoenjuiciamiento, como también entre la primera y la autocrítica. “Todos sabemos, por propia experiencia, lo que es dicha, sorpresa, hambre o saciedad. Todo esto corresponde a nuestra propia experiencia anímica. Tambien al niño le son familiares estos estados. Nos dice que está cansado, hambriento o temeroso. Pero, en general el niño desconoce la autoobservación.
Tan sólo hablamos de ella cuando la atención dirige conscientemente su haz luminoso a los procesos y estados anímicos para registrar y describir las diferentes fases de su curso y la multiplicidad de los contenidos. Finalmente, por lo que atañe al enjuiciamiento de sí mismo, consiste siempre en juicios de valor sobre lo que descubrimos dentro de nosotros mismos.”
La imposibilidad de deslindar fácilmente los ámbitos propios de la autoobservación, el autoenjuiciamiento y la autocrítica conllevan la crítica más fuerte al método introspectivo. Se aplica aquí el aforismo de Nietzsche: “Mi memoria me dice que yo he hecho esto; mi orgullo me dice que no puedo haberlo hecho. Calla la memoria y se da la razón al orgullo.” Hemos de
considerar el hecho de si nuestro amor propio nos incapacita para aplicar objetivamente la introspección, no induciendo el autoengaño.
Habiendo ya indicado la objeción surgida de la incompetencia del lenguaje para expresar adecuadamente la vida anímica (piénsese en lo que ocurre cuando tratamos de describir un sueño), pasamos a consignar la más importante de las objeciones hechas a la introspección. Ella dice que no es posible considerar los procesos psíquicos en su realización actual sin perturbar la
vivencia y alterar el objeto de la atención, pues, la autoobservación supone una duplicación del sujeto, dándose en apariencia algo que en verdad no es posilble, es decir, habría un engaño radical en dicho método. “Pienso, por ejemplo, en un problema matemático. Ahora bien, si tengo que observar este proceso de reflexión no podré progresar en mi razonamiento matemático; mi propósito de autoobservación lo impide. O bien, experimento una emoción. En el caso de que sea capaz de pasar a la autoobservación, la reacción emocional en sí misma se debilitará y se desvanecerá y sólo subsistirán ciertas sensaciones viscerales y de tensión, o sea, manifestaciones sólo concomitantes.”
No obstante la dura crítica consignada, la introspección aplicada sobre la secuencia vivencial guardada por la memoria, sigue siendo un medio válido para acercarnos al mundo anímico. No considerada como un fin en sí mismo, la introspección resulta ser un mal necesario, útil para la comprensión de lo humano. El psicólogo no podrá prescindir de ella como tampoco deberá quedarse detenido en ella.
3. HETEROOBSERVACION Y EXPERIMENTO
Esta vez, nos interesa resaltar un tipo de observación caracterizada por el rasgo de la exterioridad, por ofrecernos aquello que es distinto de nosotros, que nos es ajeno. Tal observación sólo podrá darse a través de los órganos sensoriales, en su virtud de intermediarios entre nosotros y el mundo.
Por otra parte, el experimento mienta la sistematización de las secuencias de fenómenos observados, descubriendo el mecanismo operativo que permite decidir qué es causa y qué efecto, es decir, qué primario y qué accesorio.
No resulta difícil de ver que ésta será la zona preferida de los psicólogos científicos y de las ciencias naturales, en general. Para que los fenómenos psicológicos sean susceptibles de un tratamiento científico, deberá ocurrir que ellos configuren un conjunto sometible a la observación dirigida y planeada, al experimento. Además, deberá observarse en ellos la misma regularidad que caracteriza a los fenómenos naturales, es decir, que sus relaciones recíprocas puedan ser formuladas en términos mecánicos, causales. Asimismo, toda la diversidad de los fenómenos psicológicos deberá surgir de principios simples y generales (ley de la parsimonia), por ejemplo, el principio que exige que lo psíquico ha de reducirse a sus términos concretos, al aparato neurofisiológico, de donde la conciencia no sería más que un epifenómeno de la actividad cerebral y el comportamiento, tanto humano como animal, se reduciría a la actividad nerviosa y endocrina.
Unida a esto último se encuentra la postura evolutiva que, a la luz de los resultados clínicos, experimentales, sostiene la correspondencia estructural entre algunas funciones psicológicas, tales como la memoria, la emoción, la percepción sensorial e interoceptiva, los actos locomotores,
etc. y el funcionamiento neurofisiológico. La consideración fisiológica en psicología es de una importancia evidente. Pero, no se justifica de ninguna manera el reduccionismo, del que son partidarios algunos psicólogos. Situado en la base de la comprensión psicológica, el aspecto
biológico señala la índole de algunas explicaciones, pero no de todas. La experiencia ha mostrado que a un nivel reflexológico elemental se cumplen algunas de las hipótesis mecanicistas, pero, también es cierto que las cualidades más propiamente humanas, tales como la inteligencia y la conciencia de sí están aún sin un estudio definitivo.
Por otro lado, echando mano nada más que de la consideración fisiológica y cerebral se puede distinguir dos zonas funcionales en correspondencia con fenómenos psicológicos, a saber, el cerebro profundo y la corteza cerebral (cortex) o neoencéfalo. Se ha observado al extirpar la corteza cerebral de algunos animales, que siguen viviendo, se desplazan, comen y duermen, pero
han perdido la capacidad de discriminar finamente un estímulo de otro y no integran a la vida anímica sus emociones, que se suscitan con facilidad y desproporción. Por ejemplo, un hombre con daño cerebral en la corteza sabía cuando se le ponía un objeto en la mano, pero no sabía discernir qué era, de qué objeto se trataba. Así, pues, nuestros sentimientos y emociones
están regidos por el paleoencéfalo o cerebro profundo, mientras que lo más fino de la psiquis humana está vinculado con la corteza cerebral, que actúa como inhibidor y centro de proceso.
El argumento más significativo en favor de las pretensiones de los psicólogos científicos, dice relación con la objetividad de algunos de sus resultados. Por ejemplo, los estudios sobre los actos reflejos, en animales y humanos han permitido alcanzar su origen funcional, tal como lo señalamos en el párrafo anterior.
Valga lo dicho como notas relevantes sobre el concepto de experimento, su uso y su alcance teórico.
4. CONDUCTISMO
El conductismo es una postura psicológica surgida de los trabajos sobre condicionamiento practicados por Pavlov, los cuales establecieron un fundamento reflexológico para algunas conductas, es decir, comportamientos observables y medibles.
Pavlov en su laboratorio
El condicionamiento clásico de Pavlov, vincula dos pares de términos, estímulo-respuesta; estímulo condicionado-respuesta condicionada.
Dicha postura de investigación reduce la actividad psicológica al mecanismo estímulo-respuesta (ER), eliminando la actividad endógena, interior al individuo, reduciendo lo psicológico a sus componentes neurofisiológicos, prescindiendo del aspecto motivacional y de los impulsos, eliminando las nociones de Alma, Yo, conciencia, autoconciencia, voluntad, etc., por considerarlas referidas a pseudofenómenos psicológicos.
Otros aspectos relacionados con esta manera de ver lo psíquico aparecerán en el próximo capítulo.
HUMANISMO Y CONDUCTISMO
Las notas que siguen fueron hechas a base de la traducción preparada por mí, del texto homónimo de B. F. Skinner, desarrollado bajo la forma de un cuestionario detallado y ofrecido, ahora, redactado en sus lineamientos generales.
El texto de Skinner presenta dos formas de conocer relativas a la psicología. Una de ellas, mediante introspección y empatía se aproxima al ser íntimo de la persona, yendo desde adentro hacia fuera, desde los sentimientos, las intenciones y estados mentales hasta las conductas percibibles. Afirma el autor que la descripción de los fenómenos, considerados por una postura
tal, es de un conceptualismo fantástico y esencialmente erróneo. La falta de atención adecuada, unida a la ignorancia fisiológica y a un análisis defectuoso, conduce a postular un mentalismo innecesario para la explicación de las variedades de conductas.
La otra postura, que defiende Skinner, pone énfasis en los factores ambientales más que en la actividad endógena del organismo, preocupándose, como él mismo lo dice, más por lo que se hace que por lo que se es, poniendo el ámbito de la vida psíquica en la esfera de lo observable. Es más comodo hacer ciencia de aquello que puede ser observado tan fácilmente como cualquier otro fenómeno del mundo físico. De aquí en adelante, todos y cada uno de los fenómenos de la vida psíquica serán remitidos y explicados según una determinada función fisiológica o neurológica. Lo que distingue al hombre de las demás especies no es tanto su autoconciencia o noción del yo como su capacidad para construir un entorno y crear una cultura. No ha sido sino el medio el que ha ido moldeando las capacidades de la totalidad de los organismos que interactúan con él. En
consecuencia, la totalidad de la vida psíquica en sus múltiples manifestaciones no es más que un derivado, un subproducto de la incesante interacción organismo-medio (OM).
Ni siquiera el asunto ético presenta problemas, si son redefinidos adecuadamente los clásicos conceptos bien, mal, juicio de valor, etc. La teoría del condicionamiento juega un papel principal en dicha reordenación. Aquello que llamamos bueno será un refuerzo positivo, favorable en la lucha del organismo por su supervivencia.
El mentalismo sólo se apoya en el misterio y la ignorancia, que la fisiología futura espera despejar.
Los organismos vivientes se han desarrollado bajo la presión de la supervivencia, echando mano de tres formas de sistemas nerviosos: intero, proprio y exteroceptivo. Su desenvolvimiento se fue dando por contestación a preguntas relativas a sus conductas: ¿Viste eso?, ¿Tienes hambre?, ¿Piensas ir?, etc. El individuo aprende a observar la frecuencia y la probabilidad de sus
conductas, en un proceso que no involucra nada más que estímulos y respuestas, es decir, ningún proceso mediato.
En esta línea de razonamiento, se puede decir que la noción del Yo se apoyaría en el hábito de relacionar causalmente determinados estados internos, mentales, de sentimiento, de intención, etc., con alguna conducta correspondiente. Se siente como si hubiera algo que actúa, decide, quiere, siente, etc., unido a la contigüidad secuencial en que se presentan voliciones y acciones. Una palabra dicha en voz alta es la expresión de un pensamiento interno y verbal; éste, a su vez, sería la expresión de un pensamiento no verbal. Todas estas distinciones no necesitan de un supuesto fondo de la personalidad, de un Yo. El supuesto Yo humano no sería sino una abstracción debida al hábito de concebir unidas causalmente y con preeminencia de la interioridad sobre lo externo o conductual, fenómenos que no involucran nada más que procesos fisiológicos, desde los más simples a los más complejos.
Diagrama de Denny-Brown ilustrando la inervación sensorio motriz de un grupo de 23 fibras musculares de mamífero
La exacerbación de la realidad mental o extrafísica se debe a la ignorancia de nuestra ciencia fisiológica actual, que aún no logra determinar los procesos involucrados con el fenómeno de la conciencia, en su realización efectiva.
La posición conductista de Skinner puede ser resumida diciendo que su doctrina transita desde la interioridad humana hacia la exterioridad conductual, reemplazando el método introspectivo por la observación directa de las llamadas ciencias naturales y considera innecesario algún tipo especial de actividad gnoseológica para acercarnos al estudio de la conducta. Éste se realiza en el ámbito de lo observable y medible, mediante la experimentación y la explicación mecanicista. No hace otra cosa cuando concibe a las reacciones humanas como simples mecanismos estímulo-respuesta (ER), sin mediación endógena alguna. Toda la complejidad de las respuestas psicológicas humanas no es más que el resultado de la acción del medio ambiente sobre la virtualidad genética del organismo humano, moldeado en la incesante interacción con su medio.
Por lo tanto, el estudio psicológico ha de hacerse sobre los factores que influyen sobre las conductas individuales, los cuales son siempre exteriores nunca los podremos hallar en la engañosa interioridad de la consciencia humana.
Hay una clara oposición entre quienes defienden la preeminencia de la conciencia y el espíritu sobre el medio ambiente social y cultural y los que sostienen que las causas del por qué somos como somos deben buscarse en el ambiente natural o en el cultural, generado en la interacción organismo-medio (OM)
La primera postura concibe al ser humano como a un ser especialísimo dentro de la variedad de especies animales, elevando su rango, en ocasiones, hasta la misma trascendencia divina, descubierta en la índole propia de la autoconciencia y la capacidad reflexiva. Todas las variedades de filosofías y teosofías racionalistas, como también las psicologías discursivas,
analíticas, fenomenológicas surgen de la sorpresa generada en el hombre al poner a su propio pensamiento como objeto de su pensar.
La segunda postura prescinde de las propiedades mentales del pensamiento, circunscribiendo la importancia a su capacidad de cálculo y de análisis cuantitativo, orientada hacia la construcción de bienes materiales para la sociedad y la generación de un entorno que asegure su subsistencia y bienestar, dándose, además, un marco teórico según el modelo tradicional de la física matemática de Galileo y Newton.
La importancia del análisis del ambiente estriba en el cambio de énfasis, desde la interioridad teológica y filosófica a la objetividad de la exterioridad natural y cultural en que vive el ser humano, que influye, sin duda, sobre su vida psíquica.
Al poner tales aspectos de la realidad frente a la mirada científica, se descubre la viabilidad de la constitución de una disciplina tal, de modo que, si pudiéramos redefinir la totalidad de los conceptos tradicionales, usados por las así llamadas ciencias del espíritu, sería lícito esperar una disciplina psicológica completa, a base del análisis de las influencias del medio ambiente sobre los individuos, moviéndonos hacia una ciencia capaz de predecir y controlar las conductas humanas de manera efectiva.
Según Skinner, un humanista resulta de la exaltación desmedida de la interioridad y la conciencia, unido a la creencia en la libertad y la autonomía respecto del medio ambiente. Su personalidad es netamente egoísta, hallando en la índole de su yoidad el ámbito humano general. Su preocupación parece estar dirigida hacia la humanidad entera, caracterizándola en su autoconciencia y en su individualidad.
La postura conductista de Skinner pretende ser una forma humana de ver el mundo, negando que su análisis deshumanice al hombre. Se trataría, más bien, de lograr prácticas más adecuadas y efectivas para el control social e individual, para ofrecer una visión más acorde con la realidad de los hechos, en correspondencia con los resultados de la ciencia contemporánea. Esta confianza en el conocimiento de hechos es un rasgo claramente positivista de Skinner.
La refutación de la postura introspectivista alcanza, como hemos visto, sólo un nivel metodológico, pues se acepta el total misterio que envuelve el funcionamiento fisiológico y neurofisiológico del pensamiento y la conciencia.
Por tanto, Skinner, haciendo uso de su libertad científica y prefiriendo poco, pero bien definido, elimina por impreciso y vago todo el material de estudio presente en la interioridad de las conciencias individuales, pretendiendo que no le importaría tal imprecisión si efectivamente ocurriera en la conciencia lo que creemos que ocurre, sin tergiversación de nuestra parte. Su afán positivista lo lleva a creer, cayendo en el mismo prejuicio que combate, que no se engaña, que está sentando verdades definitivas, por lo menos al nivel de los hechos y de la experiencia, si no en la teoría.
Por otra parte, el asunto moral se resuelve eliminando la concepción tradicional de valor absoluto, íntimamente ligada a la conciencia, pues, una de sus propiedades es la generación de valores en correspondencia con los principios de la racionalidad, de un modo analítico, a priorista.
Como ya dijimos, el ser humano está sometido a la lucha por la supervivencia, por lo que se llamará “bueno” a aquello que favorezca la prolongación de la vida individual y, por extensión, de la sociedad.
En los tiempos victorianos, la vida parecía estable y firme. El mundo estaba bien organizado y poseía estabilidad.
Asimismo, “malo” será todo lo que ponga en peligro la vida. Podremos, así, reemplazar “bueno” por “refuerzo positivo”, y “malo”, por “refuerzo negativo”. Ambos conceptos salidos de la teoría reflexológica o de condicionamiento. Se ha dado a menudo llamar a esta postura, “de libre valor”, indicando con ello la relatividad moral subyacente, dependiente de las circunstancias sociales y no-sociales que afectan al individuo.
Expongamos, finalmente, las ideas centrales del texto de Skinner.
1. Señala que es posible conocer psicológicamente, a través de la observación conductual.
2. Prescinde de la mediación endógena, reduciendo las conductas humanas al mecanismo E=>R.
3. Niega el dualismo mente - cuerpo, dejándolo todo en términos de fenómenos corporales (reduccionismo material).
4. Niega la introspección como método de conocimiento psicológico adecuado.
5. Enfatiza la preeminencia del ambiente sobre la actividad interna de los organismos.
6. Establece una moral relativista mediante una nomenclatura científica.
7. Hace de la psicología una ciencia de la conducta o del comportamiento.
8. En su pensamiento se realiza el desplazamiento final del humanismo tradicional hacia otro de corte científico, considerando el conocimiento psicológico tradicional, vago e ineficiente, y eliminando la mantenida exaltación de la individualidad y el ego.
Stgo., 29 de abril de 1989. Revisado en mayo de 2007 |
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